A veces las palabras corren en el viento, a veces llegan como gotas de lluvia que golpean a la cara y son inevitables, se sienten, ya no solo se oyen, vibran en la piel, y las mas fuertes y ciertas llegan muy dentro, es lo que llaman realidad, dejar de vivir en el cuento de hadas, dejar de soñar en reflejo del agua y verme en mi propio reflejo, sentirme dentro de mi mismo, cumplir mi propio papel, o mejor dicho vivir mi propio rol conmigo mismo, cumplir mis espectativas y dejar al destino escribir sus propias lineas.

5 complices cínicos

  1. Mond on 5 de julio de 2008, 8:01

    Y que difícil es dejar al destino en paz y no proponernos como escritores auxiliares... que difícil es querer ser protagonistas de nuestra propia vida aunque -sin darnos cuenta- el destino es quien manda... entiendo lo que dices... somos marionetas de aquel al que llamamos destino.

     
  2. Silencio binario on 7 de julio de 2008, 11:46

    en serio, pero en serio, uno se cuenta palabras, muchas de animo, pero cuando se hace, cuando se cumple al pie de la letra se dejan un montón de cosas atrás, entre ellas también al destino

     
  3. Rodrigo Pujol on 10 de julio de 2008, 23:07

    :::::::Hola, lo dificil es ver nuestro propio reflejo objetivamente. un abrazo.

     
  4. JORGE on 19 de julio de 2008, 14:09

    ....Porque sueño yo no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño…..

     
  5. JORGE on 19 de julio de 2008, 14:13

    . A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio.
    Tú que atormentas mis noches cuando no sé que camino de mi vida tomar...
    te he pagado cien veces mi deuda.
    De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad".